2 de julio de 2017

El afiche de Desorden Público por los 20 años de "Plomo Revienta"



Yo no había querido meterme en la polémica contra el afiche de Desorden Público, porque creo que tengo buenas razones para no hacerlo.

Hace algunos años, en el chavismo muchísimos estábamos opuestos a que Desorden Público se presentara en los eventos del gobierno no sólo por su abierta posición en contra del chavismo, que manifestaban en sus conciertos dentro y fuera del país; no solo por una de sus canciones de 2015, que se convirtió en himno antigubernalmental; sino por el irrespeto a la canción "Dispersos" de Alí Primera, que ellos regrabaron alterando su letra (borraron a Camilo Torres, Livia Gouverneur y al Chema Saher de su versión y le cambiaron su sentido e intención).

Pero entonces nos dijeron que había que apoyarlos, que tenemos que ganárnoslos, que el ska es rebelde, que Caplis es un loco pero Horacio más sensato, que allí hay algunos panas que son chavistas, que es orden de no sé quién, que ellos se disculparon por la canción de Alí, bla bla bla, etc.
Al final, los panas cantaron su canción antichavista desde nuestras tarimas, hicieron que todo el mundo coreara en nuestros eventos la frase "Si van a seguir robando, cambiennos los ladrones" y cobraron su buen chequecito, firmado por el rrrrégimen que tanto adversan.

Es algo así como si metiéramos a Dame Pa' Matala en los conciertos antigubernamentales de Sin Mordaza, ellos cantaran sus canciones pro-revolución, hicieran que todo el público los coreara y aclamara, y todo con transmisión en vivo de Globovisión y VivoPlay. Y para colmo, hasta les pagaran muy bien. ¡Un exitazo, no joda!

Hoy, Desorden Público usa la portada de un disco que está cumpliendo 20 años para promocionar conciertos bien lejos de Venezuela, en Boston y en Los Angeles. Es un disco de 1997 con letras MUY rebeldes y una DURA crítica al puntofijismo. Es considerado por muchos su mejor trabajo por canciones como Allá Cayó, El racismo es una enfermedad, Valle de Balas, incluso le dedicaron una canción a El Chacal.

Y entonces estamos viendo desde nuestro lado análisis sobre los elementos que hay en la portada de un disco diseñado hace 20 años, pero intentando aplicarlos a nuestra realidad actual. Hay quien lo relaciona con el ataque de Oscar Pérez al TSJ, dado que aparece un avión en llamas. Hay quienes lo relacionan con los guarimberos por un muñequito chiquitico que, según algunos, tiene un escudo. Nadie señala, por cierto, que la Torre Norte del CSB que se está quemando es donde queda en la actualidad el despacho del Ministerio de la Cultura.

Por supuesto que, como dicen por allí, uno hubiera agradecido otra portada, otro afiche, dada nuestra difícil situación actual. Eso podríamos pedírselo a camaradas revolucionarios, pero ¿a unos tipos que llevan 18 años contra nosotros?

Caray, yo sé lo sensibles que estamos en estos momentos, pero a Desorden Público hay que criticarle cosas mucho más graves que un afiche. Ellos cambiaron la posición política que tenían para aquel entonces, y se convirtieron en aquello que tanto odiaban. Sus canciones de aquellos días quedaron en nuestros corazones como un triste recuerdo de lo que ellos eran y dejaron de ser.

Critiquémosle su cambio de posición. Critiquemos cómo intentaron destruir una canción de Alí Primera. Critiquemos su banalidad. Critiquémonos a nosotros mismos por estar colocándolos en tarima, con inmensos pagos, las mejores luces y la mejor tecnología, a pesar del rechazo del chavismo de base y de sus ex-fans por razones muy válidas.

Pero, ¿atacar con tanta dureza un afiche diseñado hace 20 años, en el momento cuando ellos tenían una posición que coincidía con la nuestra?

Todo lo contrario: yo siento que ese afiche es nuestro. Yo siento que ese muñequito con el escudo soy yo en 1997. Yo siento que en ese edificio en llamas estaban Ciliberto, Lepage, Piñerúa, Sucre Figarella, Petkoff... (en sentido figurado, por supuesto; yo no estoy de acuerdo con quemar a nadie). Pero ese afiche representaba nuestro sentimiento contra el sistema político, económico y social que existía en aquel momento, y que poco a poco intentamos cambiar desde que Chávez llegó al poder, a pesar de los defectos y errores que muchos puedan señalar.

Quienes cambiaron fueron ellos. Deberían hacerse para sus conciertos un afiche snob, con ellos en la portada mostrándose como viejitos sifrinos chéveres y felices, que se quejan de que no tienen nada para comer al mismo tiempo que viajan por todo Estados Unidos haciendo conciertos para sus fans, luchando por el retorno de aquello contra lo que cantaban.

¿Qué pasará en uno o dos años, cuándo todo se haya calmado, cuando las guarimbas de 2017 sean un recuerdo y Desorden Público vuelva a ser invitado al Suena Caracas, al Fimven o al Son Ara?

¿Veremos a los actuales autores de análisis semiológicos difundiendo nuevos carteles invitando a nuestros confundidos chamos a ir a ver a estos viejitos cantar contra el gobierno?

Aprendamos a mantener la coherencia entre nosotros, a escucharnos y a respetarnos un poquito.
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